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“Otra vez”…

GENERALMENTE DE HERMOSILLO.
Profr. Luis Mario Navarro Miranda.

Todavía recuerdo las aulas llenas de estudiantes buscando un mejor futuro. Todavía recuerdo mis manos llenas de polvo de gis, mismo al que culpábamos del llamado mal del maestro: laringitis. Recuerdo a las madres de familia que ataviadas con un delantal, sorprendidas, asustadas, salían a la puerta después de haberse anunciado nuestra llegada… ¡Mamá, te habla el profe!… Esos rostros de preocupación, después de tanto año, los recuerdo.
Atentas, pero siempre vigilantes de la olla de frijoles en la hornilla, atendían nuestras solicitudes, escuchaban nuestras quejas sobre sus hijos… ¡¿Por qué no llevaste la tarea!?, ¿¡Por qué no entraste a clase?… ¡Que sea la última vez por favor!
Eran los tiempos de las abnegadas madres encargadas de criar, educar en valores, pilar principal del ser humano. Madres trabajadores o comisionadas exclusivamente al hogar, donde su palabra era la ley, respaldadas por un padre, preocupado por sus hijos. De ahí, en pobreza o abundancia, salieron hombres, mujeres hechos y derechos, exitosos profesionistas, admirables padres de familia, producto del binomio escuela-familia.
Pasado, en que la familia realmente era aleada de la educación, entregando literalmente a sus hijos, casi para tutela incondicional del profesor… Padres de familia que con una sola mirada controlaban los berrinches, imprudencias, groserías, etc., de los niños y jóvenes.
Eran los tiempos, en que se entraba al magisterio por vocación, no por ocasión, o por no haber otra opción… “Zapatero a tu zapato, reza el dicho”… El internarse a recónditos lugares de la república mexicana era el mejor filtro, la mejor evaluación. Comunidades enteras lideradas por maestros, que junto al Cura, Doctor, e Ingeniero, se convertían en verdaderas autoridades del pueblo… ¡Qué tiempos!
Tiempos traen tiempos… Ahora existen otro tipo de filtros que hay que pasar para entrarle o permanecer en las labores. ¿Miedo?, ¿¡quién dijo!?… ¡Ni a la muerte!.. Aquí aplico la de renovarse o morir… Es sano… Reflexiono: Toda profesión necesita actualización, requiere renovación continua de conocimientos. La realidad social entra a las escuelas mediante “Caballos de Troya”, personificados por los estudiantes.
Un Contador, a los 2 o 3 años sin capacitación, sin ejercer la carrera, su conocimiento se vuelve inerte. Con el Abogado y el Médico sucede lo mismo… ¿Con el Maestro no?

El Contador y el Abogado desconociendo las modificaciones a leyes y códigos, será solo de nombre… El Médico, no pasará de recetar aspirina como panacea de todas las enfermedades… El Maestro se transformará en una especie de banquero, depositando sólo los contenidos de los libros en la memoria de sus alumnos, en tiempos en que la realidad supera al texto y al docente.
Hablando profesionistas, y con la oportunidad que hoy tiene de ser Maestros, por el examen de ingreso, les digo: espero que su decisión no sea resultado de los azares de la vida y de la falta de empleo, de que no les quedaba otra… Les digo: para esto debes tener sangre, paciencia, para sortear el cúmulo de problemas que viven y conviven los estudiantes ahora. No fue, ni es trabajo fácil… Sin duda, un reto profesional y personal.
Para eso y para socializar conocimientos, se debe de tener preparación pedagógica que en su formación como profesionistas, brillaron por su ausencia. Aunque hubo o hay egresados de las escuelas de maestros, que no se qué hacen ahí… También afirmo, que tomando el compromiso, el amor a la camiseta, pueden llegar a ser excelentes maestros, al igual que los hay normalistas… ¡Claro que sí!…
Les habla una voz, más que de experiencia, evitó ser preso del tedio, de la monotonía que a veces representa la vida, hacer lo mismo durante tanto año. Les habla alguien, a ustedes, a los padres, a los estudiantes, a la autoridades, que dejó su vida en las escuelas, y en cada cana lleva generaciones enteras de estudiantes… Quizá uno de ustedes fue parte de una.
Conversan con alguien, que pasea por las calles del pueblo, de la ciudad, con mis cansados pasos, pero que no avanza más de 100 metros sin escuchar: ¡Profe!, como expresión de respeto de la comunidad. Comparten con alguien, orgulloso de su pasado, con un presente lleno de anécdotas, recuerdos, y sobre todo, con la frente en alto, por haber hecho bien…
Les habla alguien, creyente de que se pueden rescatar cosas positivas del pasado. Alguien que le pide a Dios: de volver a nacer, concédeme la felicidad, la gracia y oportunidad de ser maestro otra vez…
Dedicado a todos los maestros jubilados…