Conflictos sin fin

nota soldado-72

Sylvia Teresa Manríquez

I

Platicando con el historiador Alfonso Torúa Cienfuegos en el programa “De letras corazón” hablamos sobre la violencia e inseguridad que nos hacen sentir desprotegidos, será que olvidamos la enseñanza de la historia, pregunté.-Sí- respondió- olvidamos las lecciones que nos da la historia y seguimos cometiendo los mismos errores, olvidamos algo muy importante, el respeto a la diversidad, la tolerancia, que nos dará paz.

Dice que somos producto de una historia que nos antecede, el historiador hace interpretaciones del pasado para poderse proyectar en el futuro.

Agregó que la diversidad es algo natural, biológica; si bien es cierto que la vida en la tierra tiene un mismo origen, desde el principio es diversa, entenderlo nos hace ser tolerantes, aceptamos que la gente tiene muchas formas de pensar, decir y actuar. La tolerancia nos lleva a la paz y la paz trae la felicidad, algo que busca la humanidad, que buscamos todos.

Pienso en esto cuando veo las noticias que hablan de conflictos mundiales que nos hacen necesariamente temer si quienes ostentan el poder en este planeta han olvidado las lecciones terribles que nos da la historia al respecto.

Respeto, tolerancia y humildad parecen palabras extintas en sus diccionarios. Es tarea de todos hacer uso de nuestro derecho a negarnos a vivir una nueva guerra mundial, a expresar negación y propuestas viables para por fin aprender a resolver conflictos como los seres humanos civilizados que se supone somos los habitantes de este planeta.

II

El 4 de enero, día del periodista, recibí por última vez un mensaje de un hombre entrañable: Don Ramón Valdiosera Berman, una felicitación y un abrazo reconociendo el “valiente y profesional trabajo en el periodismo” dejándome un agradable sentimiento de solidaridad y orgullo.

Conocí a Ramón Valdiosera en el 2009, en Álamos, Sonora, lugar en el que coincidimos, él impartiendo talleres sobre algo que él amó hasta el final de sus días: hacer historietas; yo haciendo algo que también apasiona: radio.

Compartimos mesa y charla. Estaba maravillado con Álamos y su gente, y en este marco me contó de sus inicios en la moda, hace muchos años, de cómo le llamaron rosa mexicano a su rosa bugambilia, de lo que le gustó y no le gustó del ambiente de la moda y las pasarelas y de por qué decidió dejar este quehacer. De su gusto por el toreo y sus inicios como banderillero.

De la importancia que tienen los villanos en las historietas, de su recomendación de escribir historietas para niños, que después leerán revistas, periódicos y finalmente buenos libros. Le preocupaba la pérdida de valores, el respeto por los mayores, la mística para entender la vida.

Recuerdo bien cuando lo conocí y aún siento el vacío que dejó la noticia de su fallecimiento en días recientes. Cumpliría 99 años en los últimos días de abril, yo guardaba la esperanza de volver a estrechar la mano de este ser que en solo un instante dejó la sensación de certeza y esperanza.

Me quedo con su enseñanza de valentía y esfuerzo. Hasta siempre Ramón Valdiosera.

III

Como persona de radio y comunicadora reconozco que la retroalimentación da certidumbre, saber que lo que una escribe, dice y comparte deja ecos en quien lee y escucha.

Por eso agradezco cada uno de los comentarios que me hacen llegar por cualquier medio, ya sea correo electrónico, teléfono, redes sociales, WhatsApp o de viva voz.

Así agradezco y comparto parte del comentario de Carlos Zaragoza, originario de Hermosillo, radicado en Sinaloa, sobre la entrega anterior titulada “Para Enrique”, sobre la nostalgia de vivir lejos:

“…es tan cierta la nostalgia que nos invade (al vivir lejos) como cierto es el regocijo que nos abraza, es tan cierto el sentirse desorientado como cierto es el recuerdo de los ojos queridos y el anhelo de volver a verlos, es tan grande el desconcierto como grande es mi esperanza por ustedes, es tan honda la tristeza, como grandes fueron esos seres que hoy ya no encontramos.”

En la reflexión sobre que el verdadero viacrucis está en las calles de nuestras ciudades y en los hogares de tanta gente para la que sobrevivir tiene más de quince estaciones dolorosas, Carlos agrega:

“Si, esta vida, estas ciudades en que nos ha tocado vivir ciertamente son un viacrucis, tanto para el que no tiene y tiene la zozobra de no saber qué es lo que va a comer en unas horas como para el que tiene y vive la incertidumbre de poder perder sus posesiones. Podemos decir ‘es mejor vivir el miedo de perderlo todo pero con la barriga llena’; sin embargo, no podemos sentir lo que otros sienten…”

Parafraseando a Violeta Parra: Gracias a la vida, que me da tanto, gracias a ustedes que leen y comparten, haciendo que el círculo de mi trabajo esté completo.

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com